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TOMATES MADUROS

Por:
TONY SAVINELLI
tony@purabulla.com

TOMATES MADUROS

Su rostro es de expresión indecisa, indefinida. Sus dos ojos están abiertos, con las manos oculta sus mejillas, una lágrima de sangre roza su piel. El llanto es tangible, desconozco el por qué. Temo por él y el futuro que nos aguarda. Son tantas las causas de su lamento, su vida está envuelta en delirio y frustración absoluta.

FACUNDO
No hables más, deja expresar mi frenesí.

Cuatro semanas atrás recibí el impacto, la desdicha aplacó mi apetito. Yo era tan saludable, lleno de vida. Trabajaba con tesón; una manzana, dos peras y un vaso de leche de cabra me servían de almuerzo. Rebosante de energía transportaba legumbres de un costado del río al otro, en la noche arribaba a mi aposento deseoso de besar tiernamente los labios de mi esposa. Me bañaba con agua fría, cenaba pescado frito con ensalada de tomates (mi comida preferida), comentaba los acontecimientos del día y me iba a la cama para releer tus libros desaforadamente. ¿Dónde estabas cuando más necesité de tu ayuda? ¿Dónde estabas? ¡Maldito seas!

DERRREY

Qué imbécil eres, siempre formulas las mismas preguntas, lo diré una vez más: ¡Estaba volando! Toda mi vida gira en torno de la idea de perfeccionar el aeroplano, las teorías anteriores no sirven un bledo, yo soy un científico, un investigador, soy simplemente genial.

He construido cinco aeroplanos y en cinco oportunidades impacté contra el suelo. Sé que esta vez será distinto. El aeroplano que construí es la perfección hecha realidad, su lado derecho posee un ala de forma longitudinal, y del lado izquierdo lo reforcé con dos alas de forma también longitudinal, adornado con cintas de colores que lo hacen ver más coqueto. Tiene dos alas del lado izquierdo por la sencilla razón de que soy zurdo, y tú sabes: “El que le tira a su familia se arruina”. Lo más fantástico e irremisiblemente sublime es el combustible que voy a utilizar: Tomates maduros sembrados en estas tierras fértiles. Es estupendo porque aparte de colaborar con la ecología, el residuo de la combustión servirá para hacer jugo de tomate, que posteriormente con humildad donaré a los niños pobres y a las monjas del convento “Perdóname Dios porque he pecado por casualidad”.

En dos semanas estará listo el aeroplano, bueno, si mi asistente se digna a recuperarse del estado vegetativo en que está inmerso. Yo se lo dije: “...utiliza el paracaídas que construí”.

Deja de llorar, ya estás grande para la gracia, admite que tu esposa murió feliz, cada pedazo de su cuerpo reposa en el estómago de las miles de pirañas que habitan en este río, uno de sus dedos por acá, un ojo por allá, es hermoso estar en varios sitios a la vez. Resígnate, despeja tu mente leyendo, por cierto mañana le robo más libracos a mi hermano. Volar... volar es un placer.

MARIÓN

Me estremezco con mayor vigor, aunque no posea forma quiero llorar pero no logro concretar mi lamento.

Qué sensación tan nauseabunda, escalofríos, repugnancia. Centenares de pirañas agitaron sus mandíbulas, y esos dientes deliberadamente afilados penetraron uno a uno en mis poros, la sangre fluía a borbotones, palidecí, enfoqué mis pensamientos en hechos autóctonos, persuadí mi temor con un vago intento de lucha, perdí fuerzas, se nublaron mis ojos, se hincharon, estallaron. Mi cerebro necesitó oxígeno para pensar, rezar y odiar un millón de veces el desdichado suplicio.

Me hallaba tan desprotegida, formé parte del ciclo alimenticio, y ellas, ¡insignificantes pirañas!, atacaban con el poder de los ancestros, delineaban su territorio, defendían con ímpetu sus aguas, vengaban el tormento de ver desmoronados los cauces de su río, los anzuelos clavados en paladares de indefensos animales a punto de extinguirse como especie. Su batalla era contra los entes maliciosos llenos de crueldad torturadores de su hábitat, yo sólo era una simple muestra de lo que ellas podían obrar. Fui una víctima más, igual que ellas, igual que todos...

Ahora soy energía, y vago solemnemente entre el río y la casa del idiota de mi marido. Observo su pena.

BENOL

Tú y yo formamos parte de un mismo pasado, y aunque tú circules por aquí y por allá me tendrás fijamente en tus pensamientos. Hoy pasarán miles de hombres por tu cuerpo, mañana volveré, te miraré tiernamente, intentarás saber lo que siento y sucumbirás sin reproche una vez más ante mis ojos.

Miradas que con tanta sabiduría logré emplear; un día me exhibía simple, atolondrado, diáfano, otro día avasallante, agresivo. Tú fingías dominar la situación y te mostrabas con las mismas técnicas que yo. Luego recapacitamos cada cual consigo mismo y encontramos el fatídico error de no ser sinceros, de no expresar cada emoción de un modo cristalino.

Pasan meses y no percibo la cercanía de tu vientre, te escabulles entre mis conceptos y alcanzo a decir: “...Hoy sí te olvidé, no eres indispensable al frágil ser que engancha mi alma”. Pero no fue así, tú sola te adueñaste de mis sentimientos, me enamoraste profundamente, llenaste de pasión mis desvelos.

Miento al vociferar lo insignificante que eres en mi rutina, miento al hacerte creer que el conversar contigo es un hecho tan cotidiano parecido al de ir al baño, miento. Simples suposiciones, comentarios enrevesados, palabrerías, rodeos, posturas autoritarias y decisivas, mentirillas...

Escucho un sonido parecido al timbre de tu voz, un olor tan penetrante como el tuyo, vuelvo a caer, soy presa de tu piel.

¡Si lograra hablarte, si lograra expresar lo que siento, si lograra emerger del estado de coma en que me encuentro!

DOROTEA

“Yo te amo con fervor, lástima que no se dio la ocasión. Nuestros corazones no se opusieron, fueron los hechos y las circunstancias que trucaron cada momento malicioso previstos por nuestras mentes corrompidas, para amarnos y desearnos en el más sublime de los silencios.”

¡Na'guará, yo también soy poetisa! Bueno, ese tema es harina de otro costal. Actualmente observo la vida con enojo, no por el hecho de arrebatarme su amor, sino por la sencilla razón de que todo el pueblo afirma irremisiblemente que soy una puta, no es posible. El hecho de que me guste hacer el amor con cuanto viajero pase por estas sendas portando un tufo insoportable, no me quita lo valiente. ¿Qué se han creído? Yo no debo rendirle cuentas a nadie de las fantasías más atroces que nublan mi mente.

Últimamente la gorda Marlene que atiende en la bodega “El Tío Pilón ya Murió”, aparte de afianzar su comentario de tener las mejores tetas del pueblo, anda pregonando que mis cosechas de tomates las riego con cagadas de pájaros Cristofué, esto lógicamente produce un efecto recíproco en ella, debido a que los hombres al percibir el olor de los tomates previamente cagados, tienden a excitarse más con mis tetas. Por favor, ¡qué falacia tan absurda!, mis cosechas las riego con aceite de jengibre, ¡y pobrecito quien se entrometa con mis tomates maduros sembrados en estas tierras fértiles!, porque no titubearé en lanzarlo al río como a la bandida esa. ¿En dónde se ha visto que una mujer roba tomates para hacerle una comidita a su marido?; nada más aquí, en este pueblo de mierda.

FACUNDO

Ella siempre ha sido una mujer ordinaria y mal educada, jamás fue colaboradora. En resumidas cuentas: ¡Es una mujer déspota y asesina! ¿Cómo pudo llegar a pensar que mi mujer le robó unos asquerosos tomates? Es cierta mi fascinación por las ensaladas, pero, ¿cómo?; ¿por qué?; ¡jamás! ¡Extraño a mi esposa!

¡Cómo deseo ultrajar el río, escudriñar sin tregua, obtener sus flácidos huesos y adherirlos en mi piel! Lucha desquiciada que embarga mis venas.

“Marión, cómo anhelo que retornes a la vida terrenal, te desparrames por la alcoba y llenes tu cuerpo de reluciente impureza. Marión, más allá del tiempo acongojado y adolorido busco consuelo, ¡una cura absoluta!”

Admito sin refutación que llené nuestra relación afectiva de malos hábitos, discusiones, quejas y réplicas. Es tan difícil convivir entre seres humanos, es tan difícil estar sólo en penumbras.

“Marión, te recuerdo, te extraño y te aprecio, me eres indispensable. Hoy apetezco morir, relegar el sufrimiento, degustar tu comida. ¡Qué ironía!”

MARIÓN

Yo no fui culpable, ahora que me encuentro en un plano astral más alto, ahora que puedo nadar en el aire, lo comprendo todo.

La rutina se apoderó de nosotros, vivíamos encasillados en los mismos hechos cotidianos. Él nunca se preocupó en satisfacer mis deseos y necesidades, es un idiota culto netamente superficial, que intenta persuadir con excelente retórica a su diminuto entorno.

Se masturba noche y día evocando mi figura, ¿y antes, qué era de mí? Lo esperaba con paciente calma, semidesnuda, con ardor vehemente, y él continuaba su tradición. Se bañaba con agua fría, comía pescado frito con ensalada de tomates, comentaba los acontecimientos del día, por ejemplo: Qué cansancio, el río amaneció arrecho, le falta sal al pescado. Luego se iba a la cama a releer libros de terror desaforadamente. ¿Dónde estabas cuando más necesité tu ayuda? ¿Dónde estabas? ¡Maldito seas!

Mi cuerpo transpiraba su pestilente hedor, esperaba sólo un poco de comprensión, fui otra mujer maltratada por otro hombre despistado. ¡Qué desgracia haber perdido veinte años de matrimonio! Ojalá pueda aparecer en las noches más lúgubres y burlarme de su aspecto, como él inconscientemente lo hizo tantos años conmigo.

“Infeliz, púdrete en la miseria, bebe tu misma sangre, recuérdame y sufre.”

DERRREY

Mi padre antes de morir de una fuerte cagalera me obsequió un pisa papeles bañado en oro. La historia de esta reliquia es realmente tierna: Fue transferida de generación en generación hasta llegar a mis manos, pero como todo lo que comienza se termina y nada puede ser eterno, decidí sin ningún sentimiento de culpa venderlo a Bladimir el rudo. El fruto de la venta fue de dieciséis morocotas; con este dinero compré tres galones de pintura al precio de cuatro morocotas cada uno; por supuesto los colores eran: amarillo, azul y rojo (la bandera de Venezuela o de Colombia, bueno es lo mismo, somos hermanos, mientras no me acusen de narcotraficante y seguro de que en una de las alas del aeroplano escondo vivamente 150 kilos de cocaína).

No negocié el galón de pintura blanco para hacer las estrellas, sin duda era mucho mejor obtener una colección de cinco películas de Pedro Infante: Escuela de vagabundos , A toda máquina , Pepe el toro , El mil amores y Nosotros los ricos , (yo diría mejor: Nosotros los vivos ). Cómo lloró Bladimir el rudo al escuchar mi excelente declamación sobre el abrumador pisa papeles y el misticismo que embarga su baño en oro.

Pasado mañana estaré listo para volar, y en sesenta y nueve días le daré la vuelta al mundo siendo un portador de la idiosincrasia de mi pueblo. Sólo faltan un par de pormenores: 1) Necesito a mi asistente, no importa si aún está enfermo, yo lo curaré con milanesas de pollo crudas; 2) Un lubricante eficaz para las hélices de mi aeroplano. En varias investigaciones realizadas observé que el aceite de jengibre responde satisfactoriamente, pero; ¿dónde lo obtengo?

BENOL

“Aún mi cuerpo espera tus halagos, temo sentirme ausente en tu realidad. Recibí con énfasis tus lágrimas en mi pecho. Hoy te perdí.”

Lo hice, no me arrepiento. En ese día turbulento lleno de zozobra, permanecí atado sin movimientos y me subí a un aeroplano maltrecho.

La desidia no me dejaba existir, estaba seguro de poder escribir un poema sublime, ella y el aire eran la inspiración más ambigua que podían palpar mis órganos. A seis metros alejado de la tierra, comencé a escribir tres o cuatro líneas realmente comunes y pasadas de moda. No sentí soltura, esperaba dejar más belleza y encanto sobre el virginal papel, pero no fue así, el miedo empezó a colmar mis sentidos, miré hacia abajo y un vértigo espantoso penetró en la boca de mi estómago haciendo constreñir sus paredes. Deseoso de bajar lamenté tal ocurrencia, el de escribir un poema en el aire para ella. No tenía sentido, con sólo haberle dicho ¡te amo Dorotea!, bastaba más que miles de frases hermosas.

Derrrey, como se hace llamar, gritaba desde el suelo que usara el paracaídas, yo en mi desesperación lo cogí y estuve a punto de utilizarlo, pero luego recordé los materiales con los que estaba confeccionado. El velamen era de unos 28 centímetros de diámetro, hecho de hojas secas pegadas con arcilla y cemento. Las cuerdas eran vello púbico de mujer quinceañera, debido a que Derrrey, o mejor dicho Silvestre, escuchó en la taberna “El Pirata sin Barba”, “... un pelo e'cuca jala más que una guaya de ferrocarril”.

El fin de la historia es lamentable, hasta hoy no experimento nada alrededor, no veo, no puedo hablar, sólo funciona mi cerebro y las ganas inmensas de abrazar a Dorotea. ¿Supongo que el aeroplano se estrelló?

DOROTEA

No es posible que siempre sea yo la mala, egoísta y ordinaria. Hace unas semanas todo el pueblo sufrió un espantoso dolor de cabeza; esto sucedió a raíz de que las pirañas se comieron algo en el río que les provoco una fuerte intoxicación. Por supuesto todas murieron en el acto, y el olor putrefacto que emanaban desde la orilla produjeron largas colas en las puertas del curandero del pueblo, para comprar una hoja de albahaca con cenizas de zamuros sin alas; colocaron el analgésico natural en el dedo meñique del pie derecho, y de ese modo desapareció el dolor de cabeza colectivo. Ni corta ni perezosa me acerqué a observar el festín, mi sorpresa fue que toda la gente lanzó sobre mi delicada silueta de 85 kilos palos y piedras, asegurando que era la autora material de todos sus inconvenientes. Aún tengo los chichones y moretones, no voy a mentir, me siento mucho mejor, pero gracias a los tratamientos de mi tatarabuela. Ella elaboró una especie de manteca con bosta de mula, ajo, perejil y un toque de yogurt líquido, lo unté en las heridas y en realidad calmó el dolor en mi esbelto cuerpo.

¡Pero, por favor! ¿Qué hice para merecer tanto odio? Más bien a mí es a la que siempre humillan con sus pensamientos lacerantes, mi nombre está de boca en boca, critican, malversan, difaman, roban mis cosechas y hasta mí queridísimo aceite de jengibre. Hoy fui al depósito y en vez de tener veintiún botellas de 1.000 mililitros cada una, sólo quedaba un miserable litro.

¡Ay del gordo Fu cuando lo vea!, le voy a clavar un punzón setenta y dos veces en su grasiento estómago, a ver si me sigue robando el aceite de jengibre para empatucar sus nalgas y coger sol en el patio de su casa.

Esto sólo me pasa a mí. Claro, como soy una mujer sola e indefensa, nunca he dañado nada; ni a nadie. ¿Por qué la tendrán agarrada conmigo?

“Benol, si no estuvieras enfermo, nos amaríamos en momentos fugaces enredados en el pasto seco, ¡te amo!”

MARIÓN

Te perdono mi adorado marido, sé que no fui una esposa ejemplar, uno a menudo reclama los errores ajenos aunque los nuestros sean peores. Los perdono a ti y a Dorotea, ella debió tener sus causas, me empujó al río tal vez por equivocación.

Actualmente soy superior a los seres humanos, por lo tanto no puedo caer en la bajeza de odiar, sentir rencor y ganas de venganza. Sólo debo observar y comprender los distintos comportamientos humanos. A veces las personas realizan algunos actos sin razonar, luego analizan la situación y buscan con inquietud ser perdonados. Pues yo, ¡Marión!, los perdono a uno por uno.

Creo en el amor, la unidad. Somos un río de posibilidades, seres humanos con defectos y virtudes, los quiero a todos por el simple hecho de vivir, y aunque asesinen, golpeen y apabullen, los voy a querer de igual forma. En fin, son mis hermanos e hijos de mi padre, el único, redentor, bondadoso e infinito.

Los perdono en nombre del señor todopoderoso. Amor, sabiduría y eternidad. ¡Alabados sean ustedes y Anou, Ormuzd, Alá, Ra, Jehová! ¿Qué sé yo?

(Detesto las artimañas que utilizo para intentar salir de este limbo, convertirme nuevamente en materia, y olvidarme de todo el asqueroso pueblo y sus miserables habitantes.)

¡Aleluya en nombre de las naciones, de la hermosa naturaleza incluyendo las pirañas, de la luz que nos vio nacer! ¡Aleluya!

BENOL

“¿Por qué motivo apareces en mi vida? En el momento menos esperado surges de la nada y clavas tu cizaña en mi rutina aburrida.”

Ayer realicé un estudio minucioso y comprendí con dureza que Dorotea fue la causa de todos mis sufrimientos. Por ella volé injustificadamente, por ella estrellé mi rostro en la tierra húmeda, por ella estoy ante los ojos del mundo inutilizado, por ella y por más nadie. Ella ha sido la culpable, como un estúpido consideré quererla. Claro, los seres humanos se aman, se casan y traen al mundo un par de críos, ¡no, no, y no! Yo tenía que ver esto de otro punto de vista, saber que el amor más puro es el racional. ¿Qué esperaba de ella? Una arrastrada, vulgar, promiscua y pata en el suelo, aparte de ser gorda y tener mal aliento.

Merezco todo este sufrimiento por pendejo, seguramente me hizo un conjuro extraño con sapos y lagartijas, ésa fue la única explicación que obtuve. Un gentleman como yo, elegante, refinado, fijándome en una chabacana y cochinera. Esto es obra del demonio, de mis ojos con miopía. Esto es obra del amor. ¡Desgraciado amor!

FACUNDO

“Necesito tu sabor, resbalar en tu sudor. Necesito de ti, queridísima Marión.”
Ella ha vuelto de las cenizas de donde surgió, yo deseo ser cenizas de un momento a otro, prenderle candela a la casa y unir con júbilo mi estática con la suya.

Siempre es igual, la extraño y la apetezco, lloro y me consuelo, intento morir, no puedo. Prefiero recibir el sinsabor de los días, cerrar mis dedos en el aire y creer ingenuamente que capturé su voz.

Resignación es la palabra, el tiempo clamará su imagen, convertirá su olor en humedad, y le costará a mis neuronas traer su rostro con definición. Cada segundo será glorioso, me alejará de ella y yo con más fuerza afrontaré el letargo. Posteriormente recibiré los beneficios de la casualidad, conoceré a otra mujer y aprenderá el arte culinario mejor que Marión. Comeré con gusto las ensaladas de mi nueva amada, y en las madrugadas, al evacuar los excrementos de mis intestinos, simbólicamente diré que expulso una parte del recuerdo de Marión, hasta que un buen día sufra de estreñimiento y afianzaré con alegría que la desconozco por completo.

“Adiós Marión, y obséquiame la fortuna de estrechar entre mis brazos los suaves rizos de una mujer superior a tu perfección.”

DOROTEA

En la madrugada arribó al pueblo mi príncipe azul desteñido, un joven de setenta y ocho años de edad, jorobado, arrugadito y con el cabello blanco como la nieve. De casualidad podía cargar una maleta repleta de morocotas, trabajaba en la Bolsa de Valores, y estaba dispuesto a compartir su fortuna con la mujer más encantadora de este pueblo. Yo, impactada por su mirada seductora, me le acerqué y lo besé durante siete horas seguidas, batiendo el récord del beso más largo implantado por el párroco Alcides y Titi la bonachona.

En la tarde caminé con mi príncipe agarrados de la mano, caminamos por la plaza, el campo de bolas criollas y algunos matorrales. Me obsequió un vestido amarillo de faralaos bordado a mano, y nos comimos observando el atardecer treinta arepas rellenas con brócoli y escarola.

En la noche le mostré mi hogar, nos tomamos un té japonés para digerir la merienda. Intentamos hacer el amor (no me quité los suecos porque me olían mal los pies), lamentablemente en el momento de alcanzar el clímax mi príncipe azul desteñido sufrió una tos espantosa, gracias a Dios se curó haciendo gárgaras de salsa inglesa.

Nuestra relación es perfecta, me enamoré como una tonta desde que lo vi, él prometió que nos casaríamos la próxima semana por civil (el párroco Alcides aún no afronta su derrota). Qué lindo es abrazarlo, acariciar sus arrugas, con él siento seguridad, estabilidad, un futuro lleno de colores, todo el pueblo me respeta, ¡me llaman señora!

DERRREY

Hoy desperté muy temprano en la mañana, estuve dando vueltas en la hamaca antes de tomar la decisión más importante de mi vida.

Luego de comer algo ligero me dispuse a realizar los preparativos necesarios. Primero pasé por el ambulatorio, llené algunas planillas y me hice responsable fielmente de cuidar a Benol (mi asistente) hasta el día de su muerte. Después me entretuve picando treinta kilos de tomates maduros sembrados en estas tierras fértiles, los coloqué en el tanque del aeroplano, y luego lubriqué las hélices con cinco litros de aceite de jengibre.

El viento surcaba hacia el nordeste, esperé una brisa adecuada, y en menos de quince minutos me convertí en una de las personas más importantes de este siglo.

“Los sueños se cumplen estúpido”, decía entre dientes mi madrastra.

Sólo mi conciencia desquiciada sabía lo importante que era para mi conquistar este lauro. Cuántas noches arrodillado debajo de una mata de plátanos rogaba con mis pulmones impregnados de ansiedad que llegara este momento, y aunque la duda gemía temblorosa, mi corazón estallaba en ideales. Siempre estuve seguro de lograrlo, siempre fui merecedor. ¡Estoy volando, coño!

Ahora vuelo sobre las tierras de Lisboa, mi asistente ya murió (las milanesas de pollo crudas me las comí, ¡el hambre es una cosa seria!). Menos mal que no lancé su cuerpo al mar, preferí amarrarlo en el ala derecha del aeroplano, de este modo sirve de contrapeso a las otras dos alas del lado izquierdo. Nada es perfecto, llevo cuatrocientas treinta y dos horas de vuelo inclinado hacia la izquierda, por lo menos con mi asistente obtuve el equilibrio necesario.

He decidido aterrizar en un mes, siento que ya cumplí un ciclo, será en otra ocasión cuando le daré la vuelta al mundo. Por los momentos prefiero realizar un invento mucho más genial que el anterior, un invento que me hará casi un Dios para los seres humanos. ¡Construiré una balsa!


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